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Cómo usar pasteles al óleo sobre pintura acrílica en técnica mixta

Una sola pasada de gesso, demasiado gruesa, bastó para que la esquina completa de un lienzo se agrietara como barro reseco mucho antes de que el primer pastel al óleo llegara a tocarla. Ahí quedó clara la primera regla detrás de mezclar pasteles al óleo con pintura acrílica en técnica mixta: lo que pasa por debajo de la superficie decide casi todo lo que el pastel puede hacer encima, y las texturas de la base —no el color de la caja, no la marca— son las que reparten las cartas.

Cuándo está el acrílico realmente listo para el pastel

No hay cronómetro que valga en esta parte, por más que algún tutorial insista en darte un número exacto de horas. Lo que hago es pasar la yema del dedo sobre la superficie y fijarme en dos cosas: que no se pegue nada de color a la piel, y que la capa ya no ceda como plástico blando recién puesto. Si el lienzo todavía suelta ese olor húmedo particular del acrílico fresco, lo dejo donde está y hago otra cosa —revisar el correo de la importadora, poner la radio, lo que sea—. La superficie que dejó el gesso, más rugosa en unas zonas que en otras según qué tan parejo lo extendí, es un tema que merece su propio espacio aparte; aquí basta con saber que decide cuánto pigmento del pastel se queda atrapado después.

Paso el dedo sobre una espatulada vieja de acrílico y compruebo algo que no se nota a simple vista: la superficie arma una corteza fina, no un plano parejo, y esa corteza minúscula es la que después decide dónde se agarra el pastel. Trabajar la base con espátula en vez de brocha es, de hecho, toda una técnica aparte que da para su propio manual.

Mano aplicando un pastel al óleo sobre una base azul de pintura acrílica seca, dejando textura visible

El orden importa más que la marca del pastel

La regla que sigo, sin ponerle nombre técnico, es simple: lo aguado va primero, lo graso va después, y nunca al revés. Poner acrílico encima de un pastel ya puesto es la manera más segura de ver cómo se descascara todo en cuestión de días, porque el agua del acrílico no se agarra a una superficie que ya quedó cubierta de cera y aceite. Ese mismo principio cambia un poco cuando el punto de partida no es acrílico sino acuarela debajo del pastel, una combinación con sus propias reglas que dejo para otro momento. Cuánto exactamente hay que esperar entre una capa y la siguiente da para una entrada completa aparte; la versión corta con la que trabajo es que se espera hasta que deje de sentirse pegajoso al tacto, no hasta que se cumpla un número redondo en el reloj.

Eso me recuerda cuando escribí sobre mi experiencia al usar tintas chinas sobre capas de pintura acrílica: la tinta es caprichosa y se corre apenas la tocas, mientras que el pastel es terco y se queda justo donde lo pongo, sin escurrirse a ningún lado.

Textura rugosa de gesso seco sobre un lienzo, lista para recibir pasteles al óleo en técnica mixta

Sellar la capa acrílica: la discusión que sigue abierta

Aquí es donde me pongo un poco necia. La mayoría de tutoriales recomienda sellar el acrílico o pasarle un medio mate antes de subir el pastel encima. A mí me ha dado mejor resultado justo lo contrario: aplicar el pastel directo sobre el acrílico brillante y sin imprimar, porque esa superficie un poco resbalosa termina dándole al pastel un agarre mecánico distinto, casi como si necesitara esa fricción extra para dejar marcas más vivas. Si alguna vez te preguntaste por las diferencias entre gesso y pasta de modelar para artistas principiantes, entenderás por qué esa rugosidad de fondo cambia tanto el resultado de una pieza a otra.

Esto cambia por completo si en vez de lienzo estoy trabajando sobre papel: ahí la conversación sobre sellar antes de mezclar técnicas es otra historia completa que no me voy a robar en este texto. Tampoco es la misma decisión si el soporte es rígido o si es cartón en vez de tela; elegir dónde se pinta tiene sus propios criterios y prefiero dejarlos para otro momento.

Lo que cambia según la herramienta que uses

Al deslizar la barra del pastel siento la resistencia particular de tropezar con las crestas que dejó el gesso mal medido de antes, y ahí aparecen unos rastros de color que ninguna brocha lograría imitar. Es un proceso más físico que otra cosa: no se siente tanto como pintar sino como raspar sobre algo que ya está duro. A veces me pierdo buscando cómo lograr efectos de transparencia en técnica mixta para principiantes mezclando el pastel con un poco de aceite de linaza, aunque casi siempre termino prefiriendo la barra pura, el trazo directo que ensucia los nudillos.

Para relieves más marcados algunas compañeras del curso en línea usan plastilina profesional antes de tocar siquiera el acrílico, una técnica que merece su propio manual y que yo casi no toco. Apilar tantos materiales distintos en una sola pieza —acuarela, acrílico, pastel, a veces hasta tinta— es justo lo que se conoce como trabajar por capas en técnica mixta, un tema que por sí solo da para escribir semanas enteras.

Dedos difuminando pastel al óleo rojo sobre una base oscura de pintura acrílica en técnica mixta

Materiales: lo que sí importa y lo que no

Esta caja de pasteles la compré hace tiempo en un local de El Hueco, en un mostrador con demasiadas opciones para pensarlas bien esa mañana. La calidad del pastel sí importa más que lo bonita que se vea la caja —otro tema para otro artículo—, pero en corto: uno más blando cede rápido bajo el dedo y se mezcla casi solo, uno más duro raya la superficie en vez de fundirse con ella, y esa diferencia se nota apenas la barra toca el acrílico ya seco.

Lucía, una compañera del mismo curso en línea que vive en Cali, lleva un registro exacto de cuántos días tarda en secar cada capa que hace; yo nunca me tomé ese trabajo y prefiero fiarme del tacto, aunque le copio la disciplina de anotar qué combinaciones de color terminan sirviendo. Mi vecina Nohora se asomó justo cuando terminaba esta pieza y, sin que nadie se lo pidiera, ya le había puesto nombre al cuadro antes de que yo alcanzara a decir palabra.

Cuadro terminado en técnica mixta, con el contraste de brillo entre pastel al óleo y pintura acrílica

Por qué el pastel al óleo nunca termina de secar

El pastel al óleo casi nunca termina de secar del todo, así lleve la pieza colgada semanas en la pared. Eso permite volver después y difuminar una sombra que quedó muy marcada con solo el calor de los dedos, pero también significa que la pieza sigue siendo vulnerable si algo la roza o si se guarda boca abajo contra otra superficie. Por eso, antes de guardar cualquier cuadro con pastel encima, reviso que no quede pegado a nada más y que respire un rato al aire antes de empacarlo.

En el cuarto del fondo donde trabajo, la luz de la tarde entra en una franja anaranjada por las láminas de la persiana justo a la hora en que suelo hacer esta última revisión, y los pasteles terminan guardados en un estante metálico que alguna vez fue para tornillos, reconvertido ahora en armario de materiales. Estos ratos con la espátula y el pastel siguen siendo, sobre todo, la manera en que le bajo el volumen a la cabeza después de una semana llena de facturas de ferretería, aunque por qué pintar ayuda a desconectar la cabeza es, de nuevo, tema para otra entrada.

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