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Cómo usar pasteles al óleo sobre pintura acrílica en técnica mixta

Esa mañana de sábado, el silencio en la parte de atrás de la casa era casi absoluto, solo interrumpido por el golpeteo rítmico de la lluvia sobre el tejado. Tenía frente a mí un lienzo que llevaba días mirándome con reproche; un fondo de acrílico azul que se sentía tan plano y sin vida como el cartón de las cajas que apilamos en la oficina de la importadora. A veces, después de una semana entera oliendo a tóner y revisando facturas de ferretería, lo último que quiero es algo que se sienta 'limpio' o industrial. Necesitaba algo que ensuciara un poco esa perfección plástica.

El encuentro con la cremosidad en una tarde gris

Fue durante las vacaciones de diciembre cuando me dio por abrir esa caja de 24 colores que había comprado por impulso. Son pasteles al óleo, de esos que parecen crayolas de niño pero que al tacto se sienten como mantequilla fría. En mi rutina de fin de semana, suelo ser bastante desordenada; sigo eyeballing los volúmenes de gesso en lugar de medir nada, y esa tarde no fue la excepción. Tenía el lienzo con una base de acrílico que ya llevaba días ahí, esperando.

Mano de mujer aplicando un pastel al óleo sobre una base de pintura acrílica azul

Lo que me atrajo de inmediato fue el contraste de olores. Dejé la radio encendida en la cocina —estaban pasando unos boleros viejos que le gustan a mi pareja— y me quedé ahí, en el cuarto del fondo. El olor ceroso y denso de los pasteles empezó a reemplazar ese aroma a oficina que se me queda pegado en el pelo. Es una sensación extraña: mientras el pigmento se ablanda bajo mi pulgar, uno siente que finalmente está tomando el control de la textura, algo que el acrílico, por más capas que le ponga, a veces no logra entregarme.

La importancia de la paciencia (y del polímero)

Hace un par de meses, mientras terminaba un curso de técnica mixta por internet, escuché algo sobre el tiempo de curado. Yo antes pensaba que si el acrílico estaba seco al tacto, ya estaba listo. Pero resulta que no. Para que la magia de los pasteles funcione, hay que respetar el tiempo de curado recomendado para acrílico, que son unas 72 horas si la capa es generosa. El acrílico es básicamente un 100% polímero acrílico, una especie de plástico que necesita expulsar toda su humedad antes de que le pongas algo graso encima.

Si te apresuras, el pastel se siente como si patinara sobre hielo. Pero si esperas esos tres días, la superficie se vuelve un anclaje. En aquel momento, recordé cuando escribí sobre mi experiencia al usar tintas chinas sobre capas de pintura acrílica; la tinta es caprichosa y corre, pero el pastel es terco, se queda donde lo pones. Mi gato se paseaba por la mesa, rozando los tubos de pintura, mientras yo descubría que esa base plástica del acrílico es la protección perfecta para las fibras de la tela, evitando que el aceite del pastel las termine dañando con los años.

Textura de gesso seco en un lienzo preparado para recibir pasteles al óleo

Rompiendo la regla del sellador

Aquí es donde me puse un poco rebelde. En los tutoriales suelen decir que hay que sellar el acrílico o usar un medio mate antes de pasar al óleo. Sin embargo, una tarde lluviosa de noviembre descubrí que si aplicas los pasteles directamente sobre el acrílico brillante y sin imprimar, la adherencia mecánica es superior. Es como si el pastel necesitara ese 'agarre' puro del polímero para crear texturas más dinámicas.

Al deslizar la barra de color, sentí la resistencia táctil del pastel al tropezar con las crestas del gesso que apliqué sin medir la semana anterior. Se crean unos rastros de color vibrante e inesperado que ninguna brocha podría imitar. Es un proceso muy físico; no es solo pintar, es casi esculpir sobre lo que ya está seco. Si alguna vez te has preguntado por las diferencias entre gesso y pasta de modelar para artistas principiantes, entenderás que esa rugosidad es la que dicta dónde se va a quedar atrapado el pigmento del pastel.

Capas, luces y sombras que no se secan

Lo más fascinante (y a veces frustrante) de los pasteles al óleo es que nunca se secan por completo. Contienen aceites no secantes y ceras, lo que significa que el cuadro que terminaste hoy seguirá estando 'vivo' la próxima semana. Esto me permite volver al lienzo un sábado por la mañana recientemente y, con solo el calor de mis dedos, difuminar una sombra que me quedó muy marcada.

Dedos difuminando pastel al óleo rojo sobre una base de acrílico oscuro

Para lograr profundidad, me gusta aplicar el acrílico pensando en las sombras más oscuras y luego usar el pastel para los brillos o los acentos de color más saturados. Es la vieja regla de 'graso sobre magro'. El acrílico es lo magro (el agua) y el pastel es lo graso. Nunca, pero nunca, se te ocurra hacerlo al revés; poner acrílico sobre pastel es garantía de que la pintura se va a descascarar en menos de lo que canta un gallo, porque el agua simplemente no se pega al aceite.

A veces me pierdo en los detalles, buscando cómo lograr efectos de transparencia en técnica mixta para principiantes mezclando un poco de aceite de linaza con el pastel, aunque eso ya es ponerse un poco más técnica de lo que mi paciencia de fin de semana suele permitir. Prefiero la barra pura, el trazo directo que ensucia los nudillos.

Cuadro de técnica mixta terminado con contrastes de brillo entre pastel y acrílico

Cerrar la semana con profundidad

Al final de la tarde, cuando el sol de Medellín empieza a bajar y la luz en el cuarto del fondo se vuelve naranja, ver el brillo graso del pastel resaltando sobre el mate del acrílico me da una paz que no encuentro en los inventarios de la tienda. Esos 24 colores terminan mezclados en mis manos, y el lienzo deja de ser ese pedazo de tela plano para convertirse en algo con relieve, con historia.

No hace falta ser una experta ni tener un taller profesional. Con tener un rincón donde no te importe que caiga un poco de viruta de cera y esperar a que el acrílico cure sus 72 horas, ya tienes la mitad del camino hecho. El resto es solo dejarse llevar por el olor a cera, ignorar el teléfono y disfrutar de cómo un simple trazo de pastel puede cambiarle el ánimo a todo un cuadro. Al menos para mí, es la mejor manera de silenciar el ruido de la oficina antes de que llegue el lunes.

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