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Lo que aprendí en el curso de pintura técnica mixta online

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A veces el olor a cartón y tóner de la importadora se me queda pegado en la nariz hasta el sábado por la mañana. No es que me queje, el negocio familiar de herramientas es lo que nos da de comer, pero después de una semana de cuadrar facturas de tornillos y lidiar con transportistas, necesito algo que no sea gris. Por eso, cuando el año pasado una tarde lluviosa de noviembre me senté en el cuarto trasero con mi primera caja de acuarelas, supe que no había vuelta atrás. Pero claro, una cosa es querer pintar y otra muy distinta es entender por qué, cuando intentaba poner acrílico encima de la acuarela, todo terminaba pareciendo un pantano lodoso en el lienzo.

Antes de que sigas, una cosita: por aquí vas a ver algunos enlaces a los cursos que menciono. Son enlaces afiliados, lo que significa que si decides comprar uno, a mí me llega una pequeña comisión que ayuda a que este rincón siga vivo, pero a ti te cuesta exactamente lo mismo. Solo hablo de lo que de verdad he probado en mi mesa de trabajo, entre cafecitos y el radio que suena de fondo.

Decidí buscar ayuda porque mis experimentos caseros se estaban quedando cortos. No quería algo presencial porque mis horarios en la tienda son un caos, así que me puse a investigar y encontré el Curso de Pintura Técnica Mixta. Me llamó la atención que tenía una calificación de 4.7 en la plataforma, y las reseñas decían que era perfecto para los que ya chapuceamos un poco pero queremos orden. Así que, durante las vacaciones de enero, mientras mi pareja se encargaba de la cocina y el aroma de la cebolla frita llegaba hasta mi rincón, le di al play por primera vez.

Primer plano de mano aplicando gesso acrílico sobre papel grueso de 300 gramos.

El papel no es solo papel: la lección de los 300 gramos

Lo primero que aprendí es que mi tacañería con los materiales me estaba saboteando. Yo usaba cualquier blog que encontraba en la papelería de la esquina, pero en el curso insistieron mucho en el soporte. Aprendí que para que las capas no se conviertan en una montaña rusa de papel ondulado, el gramaje mínimo debe ser de 300g/m². Es una regla de oro de la industria que yo ignoraba por completo por andar 'ojeando' en lugar de medir.

Recuerdo un sábado por la mañana el mes pasado, mientras el radio pasaba unas noticias viejas, que saqué mi primer pliego de ese grosor. Es una sensación distinta bajo los dedos, más honesta. El curso te enseña a preparar la base con gesso, y ahí vino mi primer momento de revelación: el gesso acrílico no es solo pintura blanca, es lo que evita que el papel se beba toda la vida del color. Tocar ese gesso frío y pegajoso con la espátula me recordó mucho a cuando tengo que organizar las facturas de importación; parece un trámite aburrido, pero si no lo haces bien, todo lo que viene después se desmorona.

A veces pienso que organizar esas facturas es mucho más fácil que decidir dónde poner el último toque de blanco titanio. En la oficina sé dónde va cada tornillo, pero frente al papel de acuarela, el control es una ilusión. Sin embargo, ese curso me dio la estructura que mi cabeza de compradora necesitaba.

Detalle de capas de acuarela y acrílico superpuestas en un proyecto de técnica mixta.

Las tres capas y el arte de esperar (o no)

La estructura del curso se basa en un sistema de 3 capas básicas que combinan acuarela, tinta y acrílico. Yo antes lo hacía todo al revés, o peor, todo al mismo tiempo. Aplicaba el acrílico espeso y luego quería que la acuarela corriera encima, lo cual es como intentar que el agua ruede sobre una piedra. No funciona.

Aquí es donde entra mi 'momento del desastre'. Hace unas tres semanas, estaba tan emocionada terminando un paisaje que ignoré el módulo de secado. Apliqué una capa generosa de acrílico azul sobre una mancha de tinta china que todavía brillaba por la humedad. ¿El resultado? Un manchón grisáceo irrecuperable que parecía el humo de un camión viejo. El instructor lo advierte: la técnica mixta requiere paciencia entre los medios al agua y los más densos para evitar el agrietamiento o, en mi caso, el lodo.

Por cierto, si estás buscando algo menos técnico y más relajado para un domingo con los sobrinos, a veces me paso por el curso de Arte Hecho en Plastilina, que es mucho más táctil y no requiere tanta espera de secado. Pero para mis horas de soledad en el cuarto trasero, nada le gana a la complejidad de las capas.

Paleta de pintor mostrando una mezcla de colores que se convirtió en lodo grisáceo.

Pintar en un apartamento sin terminar intoxicada

Aquí es donde mi experiencia se sale un poco de lo que dicen los libros de texto. Si buscas consejos de técnica mixta en internet, muchos te dirán que uses trementina, barnices industriales o solventes fuertes para lograr texturas. Pero mi realidad es que vivo en un apartamento en Medellín donde la ventilación no es precisamente la de un hangar de aviones. Si abro un frasco de aguarrás, el olor se queda en las cortinas tres días y mi pareja termina con dolor de cabeza.

Lo que me gustó de este aprendizaje online es que se puede llevar a cabo perfectamente con medios al agua. Aprendí que el gesso y los geles acrílicos me dan toda la textura que necesito sin necesidad de químicos que me obliguen a usar máscara. Es un alivio poder pintar mientras escucho el murmullo de la calle sin tener que abrir el balcón de par en par en plena lluvia. Si te interesa más el relieve físico que el color plano, quizás te guste echarle un ojo al Curso de Pintura Espátula 3D, que va muy por esa línea de construir volumen sin olores fuertes.

En el curso explican muy bien cómo los medios acrílicos pueden imitar casi cualquier cosa si sabes cómo aplicarlos bajo la lámpara. He pasado tardes enteras creando texturas con gesso que luego, al secarse, parecen piedra o tela vieja, todo sin salirme de los materiales seguros para casa.

Textura detallada de una obra terminada con relieves de gesso y pintura acrílica.

La satisfacción del silencio y el hombro relajado

Después de meses siguiendo los módulos (a mi ritmo, claro, que el trabajo no perdona), he notado algo curioso. Antes, cuando pintaba por mi cuenta, terminaba con una rigidez en los hombros que me duraba hasta el lunes. Era la tensión de no saber qué estaba haciendo. Ahora, sigo los pasos de cómo aplicar acrílico sobre acuarela con una confianza que me permite soltar el cuerpo.

Ese momento en que por fin dejas de mirar el reloj de la tienda y te pierdes en el brillo de la pintura húmeda es lo que realmente vale la pena. No estoy buscando abrir una galería ni volverme famosa en Instagram; lo que aprendí es que tener un método me quita la ansiedad del lienzo en blanco. Sé que si el papel es de 300g, si pongo mi capa de gesso y respeto los tiempos de la tinta, algo hermoso va a salir de ahí.

Si sientes que tus días se están volviendo un ciclo infinito de correos y tareas pendientes, te recomiendo mucho que busques un rincón para ti. No tiene que ser un estudio profesional; el mío es apenas una mesa vieja cerca de la cocina. Pero tener esa guía paso a paso del Curso de Pintura Técnica Mixta me ha devuelto un poco de ese color que el tóner de la oficina me quería quitar. Al final del día, ver una pieza con textura real terminada después de semanas de capas pacientes es la mejor forma de cerrar la semana y prepararse para los tornillos del lunes.

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