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Materiales caseros para añadir volumen a cuadros de técnica mixta

La espátula raspa el fondo de un pote de pegante blanco que ya casi no tiene nada, y ahí decido que el polvillo de mármol que traje de la bodega en La Setenta tendrá que hacer el trabajo esta noche. No hay tarro de pasta de modelar profesional a la mano, ni ganas de salir a buscar uno a esta hora: la textura casera para dar volumen a un cuadro de técnica mixta no es solo un plan B en mi cuarto trasero de Medellín, es casi una costumbre. Si en el trabajo puedo calcular cuánta arena entra en un contenedor, puedo calcular cuánta tiza necesita un lienzo para levantarse un poco del plano.

Cada material casero se comporta distinto bajo la espátula, y después de tantos sábados con las manos metidas en la despensa y en los cajones de la bodega, ya tengo más o menos claro qué sirve para qué. Nohora, la vecina del edificio, se asoma a veces al cuarto del fondo —donde la mesa ya no tiene un centímetro sin marca de acrílico seco— con la excusa de pedir café, y termina opinando con toda confianza sobre qué azul le queda mejor a la mezcla, aunque ella misma reconoce que no ha tocado un pincel en su vida. Esa clase de opinión sin filtro, curiosamente, ayuda más de lo que uno cree cuando lleva horas mirando lo mismo.

Materiales caseros que sí sirven para dar volumen en técnica mixta

El polvillo de mármol es lo primero que vale la pena probar. Es un residuo finísimo que en la bodega se usa para algo completamente distinto, pero sobre el lienzo se siente como arena fina bajo la espátula. Mezclado con pegante blanco de carpintero forma una pasta espesa que, aplicada con cuidado, no se cuartea. Como referencia, más o menos el doble de material sólido por cada parte de pegante suele sostenerse bien; si te pasas de polvo la mezcla se vuelve quebradiza, y si te pasas de pegante pierde el relieve y se escurre.

Ese polvo blanco que venden en potes de gesso comercial no es otra cosa que carbonato de calcio con pigmento y aglutinante, y compararlo a fondo contra la pasta de modelar de tienda —cuánto sella como gesso y cuánto sostiene como pasta— es su propio tema, que dejo para otro momento. Lograr textura con el gesso comercial también tiene sus trucos, pero esa receta no es la de hoy; aquí lo que interesa es lo que sale de la despensa y de la bodega.

No todo lo casero sale más barato de lo que parece —a veces se gasta más pegante bueno del que se ahorra en polvo—, pero la textura que se logra vale la pena igual.

Espátula aplicando pasta de textura casera con polvillo de mármol sobre lienzo de técnica mixta.

Cómo se comportan la maicena, los posos de café y la cáscara de huevo

La maicena disuelta con un poco de acrílico da una pasta lisísima, casi como porcelana fría, perfecta para flores o detalles pequeños que necesitan verse delicados pero elevados del lienzo. Es de las texturas caseras que más se acerca a lo que buscarías en una pasta de modelar profesional, aunque compararlas a fondo —cuánto relieve aguanta cada una antes de ceder— es cuento para otro rato.

Los posos del café de la mañana, secados al sol y mezclados con un poco de pintura y barniz, dan una textura orgánica que sirve de maravilla para troncos o suelos de tierra en técnica mixta. Por ser poroso, el café retiene algo de humedad y hace que la superficie tarde un poco más de lo normal en sentirse seca al tacto —nada que se pueda medir en minutos exactos, cada tanda de café se comporta distinto—, pero sí da un rato extra para trabajar las sombras antes de que la mezcla cierre.

Para quien ya conoce esas técnicas para dar volumen a tus cuadros con espátula y pasta flexible, esto es apenas una variación con lo que hay en la alacena en vez de en el tarro de la tienda.

Textura orgánica creada con posos de café y acrílico sobre un cuadro de técnica mixta.

La cáscara de huevo, bien lavada y sin la telita interna, triturada hasta quedar en trozos pequeños, ofrece una porosidad que absorbe distinto a como lo hace el acrílico o el gesso. Pegada sobre el lienzo y con una aguada de acuarela por encima, las grietas naturales retienen el color de forma irregular —algo que se parece más a una pared vieja que a una superficie pintada—. Es lento, porque hay que ir pegando trocito a trocito si se quiere un efecto de mosaico parejo, pero el resultado táctil no lo da ningún material de tienda.

Poner una capa de acrílico encima de esa acuarela ya seca es otro tema con reglas propias que no vienen al caso hoy; aquí la acuarela se queda sola, dejando que la cáscara haga todo el trabajo de textura.

Tampoco es una superficie para buscar transparencias —para eso hay capas mucho más delicadas que esta—, pero para volumen con carácter, la cáscara no falla.

A veces sumo estos relieves a una base distinta: ya he contado cómo integrar retazos de tela en técnica mixta sobre soportes rígidos, y un lino viejo debajo de la cáscara triturada le da a todo el conjunto una resistencia extra.

Elegir entre lienzo, tabla o un soporte más raro cambia cómo se comporta cualquiera de estos materiales caseros —otro tema que merece su propio espacio—.

Cuando alguno de estos experimentos va sobre papel de acuarela en vez de lienzo, sellarlo bien antes es un paso que no se puede saltar, aunque ese sellado tenga su propio protocolo que dejo para otra entrada.

Cáscaras de huevo trituradas como material casero de volumen sobre lienzo con aguada de acuarela azul.

El gesso en capa gruesa es el error que más cuartea la mezcla

Uno de los errores que más rabia me ha dado fue aplicar el gesso en una capa gruesa de una sola pasada, pensando que así ahorraba tiempo y lograba más volumen de una vez. Al día siguiente, con la franja de luz naranja que se cuela entre las láminas de la persiana cayendo justo sobre el lienzo, vi que toda la superficie tenía una red de grietas finas, como el fondo seco de un charco después de varios días de sol. El gesso grueso se seca por fuera primero y deja la humedad atrapada por dentro, y cuando esa parte de abajo por fin suelta el agua, la capa de arriba ya no tiene para dónde estirarse. Sentir cómo se desprendían esas costritas al pasar el dedo fue suficiente lección: ahora aplico en capas delgadas y dejo que cada una respire antes de subir la siguiente, aunque eso signifique más paciencia de la que quisiera tener un sábado.

Eso sí, una vez el acrílico queda completamente curado es otra historia —ahí se puede jugar con tinta china encima sin que se corra—, pero esa mezcla merece su propio capítulo aparte.

Mano revisando una textura casera de gesso cuarteada en un lienzo por falta de aglutinante.

¿Cuándo conviene usar la espátula en vez de un pincel para aplicar estas pastas?

La espátula es la herramienta obligada para casi todas estas mezclas; un pincel se atora y termina peinando el material en vez de aplicarlo. Cuando la carga de pasta de modelar es alta, el brazo lo nota antes que el ojo —pesa distinto que cuando solo lleva pintura—, y hay que apoyar la muñeca de otra forma para no regar la mano. Usar la espátula para construir paisajes completos, capa sobre capa de color, es otro terreno con sus propias reglas de presión y ángulo, uno que Lucía, con quien comparto curso desde hace un tiempo, domina mejor que yo: ella prefiere quedarse en los tierra y los ocres, aunque jura que algún día se va a atrever con el naranja.

Lo casero tiene un límite frente a los materiales de tienda

Combinar acuarela, acrílico y estos rellenos caseros en capas dentro de una misma pieza es prácticamente la definición de la técnica mixta tal como la entiendo, y ya conté cómo aplicar capas en técnica mixta para dar profundidad a tus cuadros: el volumen por sí solo se ve plano si no sabes iluminarlo después con la pintura. El orden y la cantidad de capas es una decisión que cambia con cada cuadro y da para su propia conversación.

Cuando cae la tarde y tengo las manos llenas de polvo de mármol o cáscara de huevo machacada, lo que queda no es solo un lienzo con relieve: la cabeza también termina más despejada de lo que estaba al sentarme, algo que tiene más que ver con desconectar de la ferretería que con el resultado sobre el lienzo, y que merece su propio espacio en otro momento. Por ahora, lo que puedo decir con seguridad es esto: el material casero funciona si se respeta la proporción entre sólido y pegante, si se le da tiempo a cada capa antes de exigirle la siguiente, y si se acepta que alguna mezcla se va a desprender de todos modos. La bodega de la ferretería y la alacena de la cocina tienen más en común con un estudio de arte de lo que cualquiera diría a primera vista.

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